He aquí una cuestión que me he planteado varias veces. ¿Existe verdaderamente el amor romántico o es fruto de nuestra sociedad?. O preguntado de otra manera, ¿está sobrevalorado?.
Cada vez me cuestiono más que el romanticismo es un camelo de la sociedad, de nuestra sociedad occidental. Una inculcación indirecta que sufrimos desde pequeños. ¡Piénsenlo!. Cuántas películas nos muestran ese aspecto del enamoramiento, la efervescencia de los primeros momentos y se quedan ahí, sin mostrarnos qué sucede después -…y fueron felices y comieron perdices.- Nos hacen ver que ese estado dura para siempre, que es el ideal, y si en nuestra vida real no se corresponde, tenemos un problema.

Porque claro, hay que amar, pero sobretodo hay que amar con pasión, que duela. Si no hay sufrimiento, no hay un verdadero sentimiento. Hay que pasar por mil y una dificultades hasta coseguir nuestro preciado bien.
Y nosotros, en nuestras vidas, añoramos que suceda todo como en los libros, en las películas o en las telenovelas. El/la protagonista sufre lo inimaginable, y si a nosotros nuestra pareja nos pega, hay que aguantar, puesto que de eso se trata, de sufrir amando.
Pero esto, ya lo comentaré más extensamente en otra entrada.
